La crítica de Peter Bradshaw en The Guardian de 'How to Make a Killing' no tiene contemplaciones: Glen Powell hace todo lo que puede como un desesperado asesino en serie en este remake americano del clásico británico de 1949, pero la película no justifica su existencia. Sin la crucial conciencia de clase del original, la historia pierde gran parte de su mordacidad satírica. Margaret Qualley ofrece destellos de brillantez pero no puede salvar una adaptación fundamentalmente equivocada.